lunes, 10 de agosto de 2020

BLOGGER PRUEBA

Hola lectores! Feliz inicio de semana!! Por fin he podido terminar la reseña de este libro del que no tengo palabras, es que fue de esos libros que te hacen sufrir, te dan dolores de cabeza por tanto giro, que quieres saber que ocurre al final pero que tampoco quieres terminar. Les juro que tarde mucho en terminarlo y no porque fuera malo, sino porque no quería terminarlo y lo mismo me está pasando con el segundo, pero entiendan mi sufrimiento, no tengo el tercero de la trilogía necesito alargar mi desesperación. Pero bueno, dejando eso de lado aquí les comparto la reseña.



En 1662, los O’Leary fueron despojados de sus tierras en Irlanda por los Ingleses, tierra que le fue dada a Lord Barton Deverill y en la que construyo un castillo que sería heredado.

Lo que nunca pensó Barton es que Maggie O’Leary fuera una bruja y que le lanzaría una maldición a él y a todos sus decendientes. Pues ellos nunca iban a poder descansar hasta que esas tierras volvieran a ser de un O’Leary. FFFDC0 FFFDC0 
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En 1910 conocemos la infancia de Kitty Deverill, la cual es la hija menor y rebelde de Bertie y Maud, los próximos en heredar el título de Lord Deverill. Pero su madre no demuestra ningún poquito de cariño hacia ella, pues para Maud solo existen su hijo Harry y sus otras dos hijas, por lo cual Kitty fue criada por su institutriz, una mujer de malos tratos y muy dura.

Pero a pesar de que en su casa no recibía el cariño, sí que lo recibió de sus abuelos, Hubert y Adeline, Lord y Lady Deverill, siendo ella la consentida de su abuela, pues de ella había heredado algo más que los rasgos físicos y el color de cabello, ya que al igual que su abuela, podía ver a los espíritus de los anteriores Lores del castillo.


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